Para Pato,
que me cuida el tiempo
Nos conocimos
gritándonos nuestros nombres.
Ella tenía espontaneidad;
yo, una bicicleta.
Multiplicábamos patines y aventuras.
Me aterraba su libertad salvaje,
su ser cuerpo de niña fresco,
despreocupado.
Yo me encerraba y leía para sobrevivir.
Ella fue la única infancia que tuve.
Ella, con su reclamo de igualdad inconmovible
me obligaba a saber
que la infancia era eso:
reírse
gritarse
pelearse
amigarse y seguir
danzar en círculos para marearse.
Ella, que no concebía, no admitía la deferencia.
Guardiana del desparpajo
Trepadora incansable,
ningún árbol podía esconderle sus secretos.
La patricia más plebeya,
más auténtica y libre.
También ella me sacó de mí.
17 de noviembre de 2013
29 de julio de 2013
Pasajes interiores
I
Superficie
lisa, tersa, inmaterial.
Espejo que
no debe ser perturbado.
Recogida como un monje,
la canción se calma, se apacigua hasta callar,
y deja
que el tiempo se hinche,
detenido
en el susurro.
II
Desierto llano
generoso en su amplitud
contemplativa.
generoso en su amplitud
contemplativa.
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