17 de noviembre de 2013

Intercambios I

                             Para Pato,
                            que me cuida el tiempo


Nos conocimos
gritándonos nuestros nombres.
Ella tenía espontaneidad;
yo, una bicicleta.

Multiplicábamos patines y aventuras.

Me aterraba su libertad salvaje,
su ser cuerpo de niña fresco,
despreocupado.
Yo me encerraba y leía para sobrevivir.

Ella fue la única infancia que tuve.
Ella, con su reclamo de igualdad inconmovible
me obligaba a saber
que la infancia era eso:
reírse
gritarse
pelearse
amigarse y seguir
danzar en círculos para marearse.
Ella, que no concebía, no admitía la deferencia.

Guardiana del desparpajo
Trepadora incansable,
ningún árbol podía esconderle sus secretos.

La patricia más plebeya,
más auténtica y libre.
También ella me sacó de mí.